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El Pájaro y El Punto

I

El Pájaro

Una tarde de verano, Sol, una chica de un pequeño barrio de una ciudad un tanto más grande, miraba por su ventana. Reclinándose en su silla observaba a través de los barrotes típicos un punto, un pequeño pájaro apoyado en la vereda de enfrente a su casa. Era extraño, parecía que el pájaro estaba encerrado en una jaula pero la única persona encerrada era ella, encerrada en el aburrimiento y en la soledad. Pero no tomemos soledad por su máxima definición, si, Sol tiene un padre y una madre, amigos y una mascota pero no siente nada más que una simple compañía, se siente como no más que un espectro que pasa por todo lugar sin siquiera dejar un rastro de felicidad.

Siente que camina por la vida sin dejar huellas en la nieve del tiempo.

Su perro, interrumpiendo sus pensamientos sobre el estado cautivo de su propio ser, comenzó a ladrar en la planta baja, frente a su puerta. Sol estaba sola en casa esa tarde, sus padres haciendo trámites. A desgana Sol bajo por las escaleras de madera, recién limpiadas por su madre el día anterior, relucientes y sin ninguna mancha, llegó a la planta baja y su perro seguía ladrando, hasta que la vio llegar a su dueña, a su familiar favorito- según Sol.

–Y justo cuando llegó paras de ladrar!– criticó a su mascota Sol

–No tenía ganas de subir, vos ya sabes que estoy viejo– le contestó de manera cordial a su dueña

–¿Qué quieres?– dijo con un tono bajo– Dale que justo me iba a acostar.

–Quería saber si me podías sacar a pasear

–Con este sol?

–Hace 3 días que no salgo, a menos que quieras que te mee la guitarra– dijo con su común chamuyo el perro.

–Dale, ponente la correa y salimos

Salieron por la misma puerta que antes estaba siendo contundida por los constantes ladridos del perro de Sol, la muchacha vio al pájaro irse volando al compás de la apertura de la puerta con los típicos rechines de las bisagras ya oxidadas y viejas por el tiempo de la construcción. El sol salía, las nubes estaban empezando a irse y el viento había dejado de provocar ese frío de los primeros días del verano.

II

El Punto

Saliendo por la puerta y volviendo la mirada al punto de despegue del pájaro falsamente enjaulado, Sol vio un papel, un papel negro, apoyado ahí parecía desde hacia rato, tenia marcas de pisadas y alguna que otra mancha difícil de describir. No le presto mucha atención al pequeño papelito y sigo caminando junto con su mascota, al pasar ya una cuadra de caminata, Sol mantenía una mirada consternada, una sensación de desapego con su propio andar, parecía estar pensando en otro mundo–Mejoró el día no?–Mencionó el perro con las mejores de las intenciones, su dueña no le contestó, se quedó mirando para adelante, caminando.

–Estas bien?–Con voz preocupada y con un tono más alto del normal, dijo su perro

De repente su pupila se normalizó, su paso volvió a ser normal y contesto: si, estaba pensando, nada más.

Luego de un corto recorrido Sol volvió a su casa, abrió la puerta y la cerró sin dejar de prestarle atención al pequeño papelito dejado ahí en la cuadra frente a su casa, que se había quedado en el mismo lugar sin un ápice de movimiento.

Su mascota se sacó la correa y Sol volvió a subir para acostarse en su cama con vista a la ventana con barrotes, mirando el cielo y replanteando qué tan encerrada en la mortalidad de su vida estaba, cayó dormida, muerta en el sueño, hundida fuera de su realidad y llevada a otra creada por una ondas eléctricas que viajan por su cerebro, aunque en realidad, ¿Qué realidad no estaba creada por ondas eléctricas?, que diferencia última había entre la realidad real y la realidad de un sueño, acaso ¿había alguna diferencia? Porque si ambos están encerrados en el raciocinio humano y en su baja comprensión de lo que es y no es real, ¿Cuál es la diferencia última entre un sueño y una realidad aparentemente más verdadera?

III

La Realidad Soñada

Fuera de la realidad aparentemente más real que está en la que había recaído, Sol soñó, y de pocas cosas de las que vivió en su sueño recuerda más que de una sensación de soledad, una sensación de abandono de su propio ser, de desarraigo con su propia sombra, con su propia consciencia.

Despertó 20 minutos más tarde de este caluroso jueves, faltaba poco para que sus papás llegan y Sol, con su común falta de motivación miro por los barrotes anticuados de su ventana, y busco infructíferamente ese negro pedacito de papel, simplemente no estaba.

Cayó redonda en la cama pensando y repensando cada cosa que llegaba a su mente, se sentó sobre sus sábanas y comenzó a pasar sus ojos por toda su habitación, deseaba revisar su realidad, ver que ningún otro objeto más allá de ese papel aparentemente inalterable, se había ido.

Revisó cada objeto que llamaba la atención de con sus ojos y recordando su nombre enlisto:

Mesa de luz;

Cama;

Cubo de rubik;

Guitarra;

Pero, ¿Era esto suficiente para saber que lo que creía saber era lo que realmente era real? Para la muchacha no, por esto Sol pensó que lo mejor sería interiorizarse en cada objeto, tratarlo fríamente para averiguar si ese objeto había sido algo en su verdadera vida. Comenzó reviendo la lista mental de atrás para adelante, comenzando por el último que había llamado su atención.

IV

El Tronco Ahuecado

Comenzando por el final de su propia enunciación mental de los objetos en su pequeña habitación, recordaba la primera aparición de lo que a ella le había parecido un pedazo de madera todavía sufriente por haber sido amputado de su propia naturaleza, un pedazo de madera trabajado por las manos humanas, tratada con las herramientas propias de la civilización moderna. Poco sabia en ese entonces, no comprendía como una cuerdas, que parecían unas tirolinas de metal, yendo de un lado a otro, conectando dos árboles desde su punto más alto, podían sonar de esa manera, como la mera puesta en escena de unos dedos aparentemente divinos presionando desde el cielo estas tirolinas y haciéndolas percutir, podía generar algo tan envolvente , tan único.

Creció y comenzó a interesarse por la música, un conocido de la familia le vendió una pequeña guitarra vieja que atesoraba acumulando polvo hace unos años. Sol nunca aprendió teoría musical, y no planea hacerlo.

Si, la guitarra era real, sus sentimientos por ella lo eran.

V

El Recuerdo

Paso por cada objeto, recordó cada cosa, los pensó y analizo, comprendió que era cada uno de esos objetos para ella misma. Llegó a su mesa de luz, que la acompañaba desde hace ya muchos años, es más, ni siquiera recordaba desde cuándo estaba ahí, porque desde su primer recuerdo ya estaba, como un ente atemporal, como el universo mismo.

En esta mesita había un cajón pequeño, lo abrió, cosa que no hacía mucho, había una cajita, dentro, un puñado de fotografías que su directora le había regalado cuando se egresó del último año de primaria con 12 años. Fue viendo las fotos y Sol comprendió que esa caja había funcionado como una caja de pandora, había liberado todo lo que podría hacerla cuestionarse, y todo esto con una foto, una foto y un recuerdo. Un gatillo que liberó su memoria.

Vio una foto con sus compañeros y con su maestra preferida, se vio a ella misma con 9 años, en una casa antigua. Recordaba esa excursión, había sido una de sus favoritas, y recordaba lo que había aprendido acerca de ese lugar a pocas cuadras del centro de San Telmo.

Era una casa “chorizo”, hecha en el siglo 19 que había sido habitada por cientos de personas, inmigrantes que llegaron desde Europa a Argentina en las grandes migraciones que por la época de construcción de esta casona habían ocurrido. La gente vivía un poco achinada y no en las mejores condiciones.

Lo que desencadenó la mayor cantidad de preguntas fue el recuerdo de ese lugar, de esa casa por donde habían pasado todo tipo de personas, que en su momento fue un lugar de una falsa privacidad y que ahora había pasado a funcionar como un shopping de antigüedades y ropa usada.

A este shopping del siglo 19, a esta casa con arquitectura española marcada por el paso de españoles e italianos. A este monumento a la historia argentina Sol había ido por primera vez con 7 años.

Recordaba poco, sus padres la llevaban allí luego de visitar a su tío que vivía a pocas cuadras, existía un pequeño puesto de difícil descripción por parte de Sol por lo poco que recordaba. En este localcito vendían ropa vieja, libros y muñecos usados, lo más remarcable de esto era que Sol lo único que recordaba de ese lugar era esa tienda, era la mera existencia de este negocio lo que sostenía el recuerdo de toda la edificación. Cuando sol iba a sus recuerdos mas antiguos el único que le venia a la mente cuando pensaba en esa casona donde sabia que había estado era una caja, la caja donde estaban guardado los muñecos, era como si toda la realidad, todo lo que en el momento de captura de esa imagen a través de sus ojos estaba ahí, era esa cajita y ese negocio, como un agujero negro que, conteniendo toda la luz de su alrededor, se ve como un punto negro, esta caja, conteniendo en su recuerdo, la tienda, la casona, y todo el barrio de san Telmo, solo era esa caja. Era un circulo negro direccionado solo a ese conjunto de juguetes usados..

Sol había estado ahí con 7 años, poco después fue con su colegio, en esta excusión aprendió mucho acerca de este lugar, de su historia y de sus fundación. Recordaba bastante bien el lugar, es más, una de las cosas que más le sorprendió en su última visita, con 17 años, fue lo mucho que recordaba este lugar. Sol no se caracterizaba por tener una buena memoria, la mayoría de veces podía visitar el mismo lugar dos veces sin siquiera dudar de que esta era “su primera visita”, pero este lugar lo recordaba como si hubiera visto una foto todos los días de su vida, lo recordaba como su casa, como a la casa de su abuela, como la plaza a pocas cuadras de su casa, o la primaria a la cual no entraba hace 5 años pero que visitaba con mucha nostalgia dentro de su memoria.

Con 17 años, meses antes de abrir este regalo divino, pero no necesariamente benévolo, visitó este lugar, con esta feliz alegría de saber que su memoria no estaba dañada y que, de alguna forma, el recuerdo de esta casona había quedado prácticamente intacto en su memoria, recorrió todo el lugar, las tiendas habían cambiado, pero la base no. El piso de mármol estaba igual, se conservaban las cerámicas rotas y las marcas de humedad, las ventanas rotas y las bisagras oxidadas. Estaba todo perfecto, demasiado bien, hasta que su madre la llamó desde la altura, desde un décimo escalón, que conformaba una escalera que se encontraba al fondo de esta casona a cielo abierto, iba pegada a la pared hasta chocar con el final de la casa donde hacía un giro perfecto de 90 grados para subir unos metros más y encastrar en una segunda planta. Eso no existía, en su recuerdo no existía, en su aparente perfecta fotografía del lugar esa escalera simplemente no estaba, había vacío en esa esquina derecha al final de la casa chorizo.

Sol recordaba como, con un sentimiento inexplicable, con un sentimiento de divorcio con la realidad y su recuerdo, que en el momento preciso de aparición nuestra protagonista ni siquiera intentó dar explicación, Sol subió las escaleras y fue con su madre hasta la segunda planta, idéntica que la primera pero a la luz del sol.

Su recuerdo se difumina en ese momento, tal vez el parecido de este piso con su anterior hizo a su cerebro ahorrarse esfuerzos, pero esto no era lo importante, lo que a Sol le llamó la atención, lo que quiera analizar de su recuerdo era esta sensación aparentemente inexplicable, incomprensible.

La tomó y comenzó a desmenuzar, matiz por matiz, escama por escama fue desmembrando el leviatán que no la dejaría dormir si no le hacía frente a ese cadáver, a esa sensación muerta que solo se hacía vivida en su memoria, que solo tenía una parcial existencia en su recuerdo.

Primero fue de pequeña, comenzó analizando Sol, y solo recordaba un punto en el cual se asentaba toda la edificación, recordaba los detalles de esa caja como más tarde recordará los detalles de la casona entera luego la visita acompañada del colegio años después, lo que no recordaba era esa escalera. Sol se sintió tocada, con 17 años luego de haber visitado ese lugar de pequeña subió una escalera que su yo todavía niña ni siquiera recordaba, sintió que pasaba de un piso de niños a una etapa posterior, que esa escalera daba paso a una vida más allá de los juguetes y de las salidas escolares.

Llegó a la conclusión, esperemos no muy temprana, de que fue una sensación propia de haberse sentido parte de una pincelada del destino en la obra que conforma el espacio y el tiempo, se sintió un golpe de escultor a una de las columnas que podría usarse para construir un templo a la creencia de un ser superior, se sintió parte de una metáfora metafísica, de una referencia, de una falsa señal que deseaba encender la chispa de la seguridad de pensar que un ente regulatorio estaría poniendo todo en su lugar, se sintió el movimiento de una partida de ajedrez, Sol se sintió tocada por una mano divina.

Pudo descansar su mente con el pensamiento último acerca de este hecho, que una casualidad, la de que una escalera olvidada podría representar el recambio de etapas, podía ser tomada de tantas formas, como cualquier cosa en este mundo podía ser interpretada de infinitas maneras. ¿Qué es todo si no una interpretación?, pensó Sol antes de ser interrumpida por el ruido de la llave abriendo la puerta de madera con bisagras malsonantes, sus padres estaban en casa.

VI

El Postre

En son con la entrada de sus padres sonó un llamado por Sol, su madre había comprado una docena de empanadas de jamón y queso, las favoritas de su hija, por haber estado todo el día fuera.

Se sentaron a cenar y Sol se desconectó de todo lo que había pasado, le recordó a su madre que había sacado al perro, siendo que esta siempre le recriminaba no hacerlo, y siguió comiendo.

Se hicieron las 11 de la noche cuando Sol terminó de comer, pidiendo permiso y viendo que no había mucho más de qué hablar fue a su habitación para acostarse y dormir plácidamente.

VII

La Obligación

Pasaron días y días de esta cena, de ese papel y de esas rejas encerrando a un pájaro en realidad libre. Ya quedaban pocos días de vacaciones y Sol seguía igual de aburrida.

Todas las vacaciones Sol había sentido lo mismo, al menos todas las que puede recordar, una falta de objetivo, una falta de objetivo “concreto y palpable” para el exterior. Toda su vida Sólo había ido al jardín, luego a la primaria, para llegar a estar cursando la secundaria y siempre durante los meses durante los que asistía a la escuela ella sentía estar haciendo algo, estudiaba, hacía las tareas, faltaba poco y llegaba temprano, durante el año ella no solo sentia, sabia que lo que estaba haciendo era conocido por todo el mundo, que cualquier persona que la conociera sabia que ella tenia un objetivo, “concreto y palpable”, con el que todo el mundo podía empatizar.

Pero a esta conclusión Sol había llegado este verano, todas las vacaciones ella se sentía una inutil al escuchar todo lo que sus compañeros habían hecho durante el periodo de recesión escolar, ella no decía nada, explicaba que quería descansar y relajarse de todo lo hecho durante el año, no es que no haya hecho nada, es que no podía entender que alguien pudiera interesarse en lo que había hecho ni porque lo había hecho. Todos los años sus vacaciones terminaban con este sentimiento de inutilidad, sin la escuela, sin algo que le diera una obligación y responsabilidad obvia para todo el mundo, ella sentía que a ojos de los demás no hacía nada y esto no era más que un reflejo de su propia crítica, ella sentía que sin ir a la escuela, sin tener el calendario lleno de tareas por entregar o de pruebas por las que estudiar, ella no estaba haciendo nada útil.

Con esto en mente, a diferencia de sus compañeros, ella vivió los últimos días de vacaciones con un alivio, un alivio pasivo de que llegaran días donde se tendría que esforzar para conseguir ese objetivo tan “concreto y palpable”, pasar de año.

VIII

La Esperanza

Un día cualquiera de su rutina poco importante, sin obligaciones ni objetivos que merezcan ser mencionados, Sol llegó a la conclusión, cuanto menos positiva, de que la humanidad es esperanzadora, como mínimo, tiene una vitalidad destacable, tiene un accionar en el que hay que remarcar su existencia. El humano es el ser vivo conocido que más mérito tiene por el simple hecho de actuar, de no dejarse llevar.

“El humano es un ser racional” le había dicho su profesor de filosofía en los primeros y únicos 5 minutos de clase que Sol se dignaba a escuchar antes de quedarse dormida o ensordecer intencionalmente para intentar escapar un rato de la peor clase de su anterior año cursado.

Nunca se lo había puesto a pensar, pero en el momento menos pensado ese recuerdo le atravesó la mente.

Siendo el humano un ser racional, no es tan complicado que alguien llegue a pensar que la vida no tiene un sentido claro, que la vida humana al menos, no tiene un sentido intrínseco.

Uno podría decir que como mínimo todos compartimos un sentido biológico con características que se repiten de persona a persona, pero , aunque esta afirmación podría ser discutible, al fin y al cabo la especie humana no va a vivir para siempre y da igual cuanto hayas aportado a la causa biológica lo más probable es que en algún punto tu rastro sanguino desaparezca junto con tu aporte a la humanidad. Se podría alegar que en un futuro podríamos llegar a ser inmortales, aunque siendo poco probable, en algún punto la tierra va a desaparecer, o el sol, o el sistema solar, la cantidad de eventos dentro o fuera de la tierra que pueden suceder en millones de años son incontables como para que la suerte nos ayude a que justo nuestro planeta de residencia no desaparezca, o nuestra galaxia entera, o todas las galaxias cuantas halla. Eventualmente algo va a ser que la humanidad desaparezca y con ella los aportes de millones de humanos.

Pero aunque evitemos todo esto, aunque de alguna forma la humanidad y todo lo necesario para que esta se desarrolle se mantuviera inamovible por toda la eternidad, lo que diferencia a la especie humana de cualquier otra es que esta es racional. Cada persona puede decidir o no que el sentido biológico sea “su” sentido de la vida.

La humanidad no tiene un sentido, un objetivo obvio. La pregunta “¿Para qué vivir?” está prácticamente igual de veces planteada qué no resuelta satisfactoriamente. Es fácil decir que el sentido de la vida se lo tiene que dar uno y es ese el punto a tratar.

Por que el sentido que cada uno le da a su vida es arbitrario, es subjetivo y que varía de persona a persona es la prueba de ello. Ningún sentido de la vida está mal, puede ser más o menos cuestionable o moral, pero nunca va a estar mal, como nunca va a estar bien. El punto importante es que este sentido variable de persona a persona da igual, y que los objetivos que este te haga cumplir son igual de poco importantes, porque no importa qué sentido le des, no importa cuanto hagas o cuán poco vivas, el final es el mismo.

Da igual el sentido que le des a la vida vas a morir igual que el que le dio un sentido radicalmente opuesto. Y se podría responder diciendo que podría existir un cielo, un dios, alguien que juzgue nuestras acciones, impulsadas primeramente por un sentido que uno mismo le dio a su vida y que puede estar más o menos claro, y que decida si en este cielo se puede vivir mejor o peor, pero sabiendo la infinidad de dioses que existen cualquier actitud puede ser tomada como correcta ante la no seguridad de que dios es el verdadero. Cualquier religión es primeramente una invención de un humano, de una persona que estaba en busca de un sentido y que por una serie de acontecimientos que pueden ser más o menos verdaderos llegó a la conclusión de que existe un ser divino. Ahora esta experiencia casi nunca se repite igualmente en dos lugares del mundo distantes, existen enormes diferencias entre religiones y las relaciones entre estas y las culturas de los respectivos sitios donde tienen la mayor influencia.

El sentido que cada persona le da a la vida influye principalmente en su accionar, la cuestión es que da igual qué sentido le des y da igual hacia que te lleve eso, el final es el mismo. Ahora, lo que me lleva a escribir esto es una pregunta que no me deja quieto, que me persigue, que intento descifrar en cada momento de soledad que me regala la vida, pero no se como hacerlo, no se como ponerle rostro si quiera al monstruo que no me deja dormir, no se como encarar la pregunta. ¿Por qué vivimos?

El sentido de la vida hace variar la elección de acción de cada individuo hasta un punto, un punto que está siempre latente, la muerte.

¿Qué nos lleva a movilizarnos?, el simple hecho de despertar es un acto voluntario, hasta el que una persona se lleve por sus más profundos instintos es un acto racional, es elegir que la razón no te mueva, pero no por eso es hacer desaparecer la razón de tu esencia. Los animales no tienen ni pasado ni futuro, solo conocen el presente, nosotros no, imaginamos la muerte, le hacemos canciones, la bailamos, la insultamos y la lloramos. la vida está rodeada de muerte, la muerte abraza a la vida dándole todo el valor que esta necesita, todo muere, las plantas, las mascotas, los familiares, los amigos, las empresas, los momentos, los lugares, las ideas, todo y nosotros somos conscientes de eso. La gran mayoría de personas viven su vida, una minoría la deja ir y eso es cierto, pero lo que me parece extraño es que sea eso, una minoría. Nadie nos dice para qué vivir, no hay ningún indicio, seguimos la corriente, pero me niego a pensar que la minoría que deja de vivir es la única que se planteó acaso porque estaba viviendo. Cómo es posible que personas en situaciones inimaginables, que no podrían ser peores, sigan adelante, que simplemente vivan, que no pasen a ser de esa minoría que elige no hacerlo.

Tal vez la respuesta sea que exista algo que nos impulse a vivir, que sea intrínseco a la especie. No creo que sea el caso, si algo nos haría vivir, si algo más allá de nuestro entendimiento nos “forzará” a vivir, esa gente que decide no hacerlo sería una excepción demasiado grande, la humanidad no tiene en sus genes el vivir, porque si fuera así todos lo haríamos sin siquiera cuestionarlo.

“El humano es un ser racional”, ¿o no?. Si la razón nos dice que la vida no tiene un sentido intrínseco, que al final da igual que hagas terminaras como el que no hizo ni una quinta parte de lo que vos, morirás igual que el que se pasó la vida sin ningún esfuerzo. La pregunta “¿cuál es el sentido de la vida?” no tiene respuesta y cualquier intento de una puede ser analizada a fondo para volver a generar una pregunta con la misma imposibilidad de respuesta. la pregunta no tiene ninguna respuesta racional, porque talvez el problema es pensar en la razón, que la humanidad siga adelante, que el animal racional por excelencia siga viviendo como siempre lo ha hecho no es algo que tenga sentido, la pregunta no tiene respuesta, porque no es racional, la humanidad es una especie con razón pero no solo racional. La humanidad vive irracionalmente, eso es lo que da esperanza, que el ser racional por excelencia vive fuera de la razón, que vive por motivos irracionales que, aunque intente racionalizar, no puede comprender a fondo..

“¿por qué vivir?”, no hay una respuesta clara, porque la pregunta no es clara, no es racional, no es como preguntar “¿cuanto es 1 + 1?”, eso es racional, tiene sentido tanto su planteo, su análisis como su respuesta, pero la pregunta de ”¿para qué vivir?”, es irracional, no tiene sentido preguntarse eso, porque el simple hecho de estar viviendo es una muestra de la irracionalidad de nuestro accionar, la vida es irracional, el humano es un animal que avanza por motivos irracionales y solo por eso, uno vive por lo que uno vive, aunque no lo sepamos, son motivos diferentes en cada persona y intentar articularlos no tiene ningún fin, intentar expresar en palabras el porqué de cada persona es una pérdida de tiempo y no hace más que confundir ese sentido último por el que cada uno vive con algo minúsculo en comparación con lo que en verdad es, el sentido de la vida, lo tiene cada persona que vive, pero ese sentido no se puede explicar en su totalidad porque no se puede racionalizar al completo, es tácito en el accionar de cada individuo y no puede extenderse a ningún otro campo. Es imposible saber porque cada persona vive, ni siquiera porque uno mismo vive, y es eso lo hermoso del ser humano. El animal racional por excelencia vive en la irracionalidad, con motivos irracionales que, aunque intente entender, no puede, ni podrá, comprender.

El sentido de la vida no le saca voluntariedad al accionar de los individuos, es solo la chispa que enciende el fuego, el humo que de allí sale vuela hacia donde vuela, lo que nosotros decidamos hacer es propio de nuestra voluntad, el sentido de la vida, ese que es inarticulable, solo es una forma de decirle a ese motivo por el cual, aunque sabiendo en el fondo que vamos a morir y que da igual todo, seguimos actuado, es solo un instinto de avance, es un empujón, no más y que no es UNO solo es su muestra, si el sentido de la vida fuera uno por persona el accionar de ese individuo estaría delimitado por su sentido, pero el sentido de la vida cambia y es modificado por el entorno y por el mismo ser al que está atravesando.

Cuestionando esto puede llegar a pensar que, en verdad, el sentido de la vida era solo uno, la muerte. Pero esto, aunque errado, no está del todo mal. La muerte no es un sentido compartido, es un punto final compartido y por el que todos vamos a pasar, pero el sentido de la vida, es diferente en cada persona y varía durante el tiempo, hasta que en un momento vira hacia la muerte. En esa alineación que comparten todos los sentidos de todos los seres humanos sigue habiendo un hecho remarcable, que cada alineación hacia ese punto final es diferente, porque proviene de un sentido diferente y forma un ángulo entre ambos sentidos que es prácticamente irrepetible de persona a persona. Todas las vidas son diferentes, todas las personas lo son, hasta el último momento, la muerte iguala a todos. Eso remarca la naturaleza misma de la vida, creo yo, intrínsecamente desigual, la vida es desigual y se muestra así, tal como es, hasta su último momento. Todos somos diferentes y lo somos hasta el último momento, la muerte nos iguala, pero su antesala nos deja ver la esencia de lo que es existir, todo lo que es se difiere de otro hacer, todo lo que deja de ser comparte su unánime y absoluto “no ser” con lo que no es.

El sentido de la vida, pensó Sol como una última estocada a un enemigo que no existe como tal, el sentido de mi vida y de la tuya, están ahí, tácitos en nuestro ser. Varían durante el tiempo, y a través de nuestro accionar podemos hacer que vire hacia algún punto, llegan a extremos opuestos y desde allí siempre terminan concurriendo a ese final, ese momento que hace que valoremos cada instante de nuestra finita vida.

IX

El Tiempo

El tiempo pasa, se preguntó Sol luego de su última frase. Tal vez de lo único que tenemos certeza es del presente, ¿o no?, tampoco, puede que no exista certeza alguna. Por que, el pasado es preso de la memoria, que lo tergiversa de arriba abajo como le da la gana, el futuro, bueno, ni siquiera puede ser tergiversado, pero el presente. El presente es una excepción a la regla, no tiene el nostálgico problema del ayer, pero mantiene una extraña incertidumbre, al igual que el mañana, pero con una sensación de actualidad, de momento. El presente siempre es tacitamente resultante del pasado y especulativamente semilla del futuro. Tiene algo que lo remarca, una cualidad que cualitativamente lo hace tener más valor que el pasado y el futuro. El presente está siendo, esto que está ocurriendo es el presente, no sabemos si es un sueño, si es una realidad inventada, no podemos saberlo, lo que sabemos es que está pasando, el presente tiene un sentimiento de presencia de manera pasiva, sin que pase nada, algo está pasando. De lo único que tenemos una vaga certeza es del ahora, y no es completa, es totalmente parcial y relativa a los sentido humanos, a eso que nos deja saber que existe la realidad, pero que también nos mantiene tensos en ese desconocimiento de si lo que pensamos que es la realidad no es una mera copia barata producida por los sentidos y que nada tiene de parecido con lo que en realidad es la realidad.

Sol se dio cuenta que había estado toda la tarde pensando tirada en la cama, no había hecho nada, aunque tampoco tenía mucho que hacer, pero se sentía vacía, sentía que había perdido el tiempo. Pensaba sobre lo que había estado haciendo esas horas y le parecía que habían sido, como mínimo, horas interesantes. Dio una mirada por su escritorio y se lo ocurrió que podía hacer con todo eso que había pensado.

X

El Cuaderno

Agarró un cuaderno que encontró en el cajón de su escritorio, un lápiz, y se puso a escribir.

En la primera página de ese viejo cuaderno que su madre le había comprado y del que por suerte se acordó que existía, escribió la fecha, su nombre y puso la punta del lápiz en la primera línea de esa hoja rayada.

Ojalá pudiera decirles que escribió, pero eso no está dentro de mi creída omnipotencia, no puedo hacer que algo que no quiero que exista, exista.

Lo que Sol escribió ahí nadie lo sabe, ni yo mismo, es una cuota de libre albedrío que quiero dejarle.

De repente Sol pasó la primera página ,escrita de arriba abajo con algo, nunca sabremos con que. Se sobresaltó, había un garabato hecho con crayones, parecía hecho por un niño. Bajo rápido las escaleras con el cuaderno abriéndose y cerrándose, y al son del “¡clap, clap!” Sol llamaba a su madre, que siempre estaba en casa a diferencia de su padre. Era algo tácito para Sol en el paso del tiempo que su madre estuviera en su casa, la ubicación de su padre era presa del trabajo de este, era visitador médico, Sol nunca entendió bien de qué trataba, pero sabia que esta era más bien poco predecible. Cuando llegó al piso de abajo le preguntó a su madre con una voz agitada de quién era ese cuaderno y, más específicamente, de quién era ese dibujo. Su madre le respondió con una mirada de nostalgia y un tono más alto de lo normal que era suyo, que ese cuaderno era de cuando ella tenía 5 años que se lo había comprado para llevarlo al jardín pero que poco después se había perdido. Le pregunto donde lo encontró y Sol dijo que estaba en el cajón de su escritorio, que no sabia donde escribir y que simplemente le vino a la memoria ese cuaderno que ella había guardado en ese lugar. Su madre le dijo unas palabras de cariño que no nos incumben y Sol luego de un beso en su frente y un abrazo de su madre subió de nuevo a su habitación. Sol dejó el cuaderno sobre su escritorio, abrió el cajón y se sentó en su cama, justo enfrente de su escritorio, miró ambas cosas, el dibujo, el cajón, de nuevo, el dibujo, el cajón. Tardó unos segundos en entender que algo estaba mal, como se acordaba que ese cuaderno estaba allí, pero no recordaba que en ese mismo cuaderno y antes de ponerlo allí, había dibujado lo que había dibujado, como era posible que posterior a eso ella misma no hubiera recordado lo que ella mismo hizo, su yo de 5 años no recordaba haber guardado el cuaderno, pero obviamente si de haber dibujado el garabato, su yo de ahora no recordaba para nada ese garabato, parecía un dibujo de alguien mas, sentía que algo o alguien se había metido en ese cajón y con el mismo cerrado había dibujado eso, eso que ahora parecía más que un dibujo, un símbolo egipcio, algo que representa más que una mera “obra artística” algo que tiene significado literal. Agarró de nuevo el cuaderno, paso la página y había otro garabato, paso la pagina y había otro, paso la página y, para su sorpresa, había otro, fue hasta el final de ese cuaderno, página por página, en todas había un garabato, excepto en esa primera hoja indescifrable para nosotros, pero de la que Sol era muy consciente, parecía a propósito. Y se puso a pensar, tal vez era apropósito, tal vez todo lo que ella recuerda es mentira, y no mentirá porque en realidad pasaron otras cosa, tal vez ese mundo donde ella vive no lleva existiendo millones de años, tal vez existió un punto en la historia donde su mundo apareció, tal y como es ahora, tal vez de manera accidental, Sol sentía que era más probable que de manera intencional, pero tal vez su mundo había comenzado a existir hace semanas, días, horas, segundos. Con cada persona, cada recuerdo, cada cosa que podría hacer creer que ha habido un pasado siendo simplemente el fondo de una obra de teatro, que en lo aparente es un fondo, con profundidad pero que en realidad no es más que una imagen, un símil de cómo se vería si eso realmente tuviera profundidad. Tal vez todo lo que nos hace creer que hubo pasado es eso, un fondo, un símil incompleto, algo que copia lo que se vería si el pasado hubiera existido, pero solo es eso una copia incompleta de una foto, extrae lo que resultaría de un pasado con su hechos y consecuencias y forma una escena de teatro, para que nosotros creemos que ese pasado inexistente existió. Ahora, tal y como el fondo de un escenario no es perfecto, es una réplica y lo es solo porque sabemos que lo es, porque es obvio a nuestro sentir, tal vez este mundo, si fuera solo un símil a pedazos, pudiera llegar a tener algún error.

Sol se acomodó en su cama para relajarse, ya era tarde y, de repente, pareciendo casi algo predestinado, su madre la llamó para ir a comer.

XI

Al Otro Dia

Sol ceno y, supongo, habló con sus padres, digo supongo porque realmente no tengo ni idea que hizo sol luego de bajar las escaleras pensando en si su realidad había acabado de existir, con cosas como esas en mente uno quiere una de dos cosas, o no pensar en nada, difícil no pensar en nada mientras hablas o hablar sobre ese tema para sacarlo de adentro, como Sócrates decía, para parir esa idea, para dar a luz esa idea que te da vueltas y que no se va hagas lo que hagas. Es un poco como el amor, cuando uno ama a alguien, en esa etapa donde uno ama fervientemente a una persona, uno piensa en esa persona de manera constante y poco sistemática. Con algunas ideas pasa lo mismo, como que uno inconscientemente se enamora de algunas y estas no le dejan de aparecer en cualquier situación. Poco más para agregar, sigamos con la historia de Sol.

Luego de cenar, Sol, como ya es de costumbre, subió a su habitación y se acostó.

Y le pasó algo que hace mucho no le ocurría, no se podía dormir.

Estaba muy cómoda, hecha una pelota y mirando hacia una pared de su habitación, entro en esa incómoda sensación que no le surgía hace tanto que estaba por olvidar que podía ocurrirle, parecía que era intencional, que había algo que quería que no se olvide como se siente no poder dormir, pero tampoco hacer nada más, esa sensación que le entraba a sol hace unos años, se ponía cómoda en la cama y entraba en una zona atemporal, en una nube de esencia y de oscuridad, donde lo único que para ella existía era ella y sus pensamientos, que flotaban por su habitación, que podía examinar, organizar, ordenar. Era casi como estar soñando despierto para ella. Sol vio el sol salir, escucho los pájaros de esa mañana que es demasiado mañana que existe en el verano, lo escucho y como si fuese una canción para dormir regalada por la naturaleza cayó dormida.

XII

El Momento Soñado

De nuevo en este lugar, en esta realidad donde todo es posible. Y al ser todo posible, Sol soñó con lo imposible, vio ese papel tirado en la calle. Se vio a ella en tercera persona, levantándolo con seguridad, con certeza de que ese acto era el acto que ella debía realizar.

Su “ella” lo abrió y ella, que estaba viendo desde arriba, leyó con una claridad imposible desde esa distancia que decía. En el pale estaba escrito con algo parecido a un lápiz negro “No despiertes”.

El papel se fue agrandando, todo desapareció, las letras que en él estaba se fueron deformando y como todo lo que rodeaba al papel ,se vieron atraídas al centro de este, que se fue convirtiendo en una bola, una bola negra que poco después ya había absorbido toda la luz, dejando a Sol en la oscuridad, solo con su conciencia. Despertó de forma súbita, sin pensar abrió la ventana de su pieza y miro a ese lugar, que por alguna razón se le había quedado guardado en la memoria, sabia perfectamente donde debía estar, y ahí estaba, ese papel negro.

Fue tranquilizante, sintió que el destino existe y, tal como en su sueño, bajo las escaleras, abrió la puerta y cruzó la vereda.

Parada frente al papel, giró su mirada unos grados, miró a su casa con una extraña nostalgia que ni siquiera entendía, giró su cabeza un poco y ahí estaba. El pájaro, que por algún otro motivo extraño recordaba, viéndola desde un árbol que se encontraba a unos metros de donde el papel estaba tirado.

Se agachó, y con firmeza, agarró el papel, lo abrió y casi ni tuvo que leer, decía “No despiertes”.

XIII

La Frase

Con naturalidad, guardó el papel en su bolsillo y subió de nuevo a su habitación.

Recién cuando se encontró sentada frente a su escritorio se puso a pensar.

Literalmente se había dado cuenta del sinsentido de la situación que había sido lo que acabado de pasar. Como ese papel había vuelto a su lugar, como un sueño se lo había remarcado. Pero había algo más extraño, que significaba esa frase?, era tal vez un volante perdido, un papel escrito por alguien para molestar, por quien?.

Nada de todo esto tenía mucho sentido, pero Sol, tal vez como un mecanismo de defensa para no volverse loca, siguió viviendo su vida, su mente así se olvidó de esa situación. Pasando así una semana entera.

XIV

El Perro

De esta semana dos cosas puede contarse acerca de Sol, que solo faltaba una semana para el ansiado fin de las vacaciones y que durante esos días había tenido algo que podemos denominar “Sueño ligero”, ella se acostaba u en cuanto caía dormida, con unos segundos de delay meramente biológicos, volvía a despertarse, no había soñado durante una semana, lo cual era normalmente típico para ella.

Eran las dos de la tarde y el perro de la casa no paraba de ladrar. Su madre le rogó a Sol que lo sacara a dar una vuelta para que se calmara, Sol con un poco de desgana le dijo que sí y salió sin dar más vueltas.

Sin darse cuenta y por motivos presuntamente azarosos fue en la misma dirección en la que había ido el día donde esta serie de acontecimientos comenzó. Sol casi ni lo recordaba, ya había pasado poco más de un mes y eso de nada le servía guardarlo en su memoria. Con ya una cuadra caminada con su compañero, Sol sintió que le faltaba algo.

Aparentemente su subconsciente había captado su actual contexto ya lo había relacionado con un acontecimiento almacenado de manera medio escondida en la memoria de Sól, un fragmento de recuerdo.

Le llegó a los odios una voz, venía de un recuerdo, era como un deja vu, un recuerdo que se sentía vivo, escucho “Estas Bien?” con una entonación preocupada, con una voz de hombre adulto, no joven, tampoco anciano.

Sentía que algo faltaba, ese fragmento venía de su subconsciente, pero “¿Por Qué?”, de quién era esa voz?

Miro al frente y un pequeño rayo de luz le atravesó la vista. Como cuando recuerdas dónde estaba ese objeto por el que habías entrado a la habitación, del que sabías su ubicación, pero del cual te olvidas completamente. De repente “encontró” el recuerdo, tal vez de manera demasiado casual.

Su perro, de alguna forma, le había hablado y ella, por algún motivo, había actuado como si fuera totalmente cotidiano. Eso no es normal, “o tal vez si?” pensó Sol.

Giro la mirada a su perro y, sintiéndose idiota pero con una pequeña esperanza de no tener que repleantarse como ese recuerdo sin sentido había llegado a ella, le dijo a su mascota, ¿Cómo Estas?. Y temiendo lo peor, nada salió de la boca del ya añoso perro, siquiera mostró un ápice de entendimiento. Repitió, ya con una falsa esperanza, ¿Cómo Estas?, pero ya sin sorprenderse, nada pasó, su perro actuaba como un perro, lo cual era excelente, lo que no tenía sentido era lo que ella tenía en su memoria.

Apurada, terminó de dar la vuelta manzana, entró a su casa y subió las escaleras apresurada, sin siquiera avisarle a su madre, lo que era para ella lo más común. Se tiró en su cama y pensó que algo de todo esto parecía a propósito, agarró el cuaderno de su niñez, lleno de garabatos, y buscó una hoja en blanco donde escribir.

Poco de lo que allí escribió puedo saberlo ,lo que sí puedo decirles es un párrafo, uno que sí conozco y que hablaba, de manera resumida, acerca de la teoría, un poco loca, de que el universo no tenga miles de años, de que este puede tener décadas, años, meses, semanas tal vez días. Del hecho de que todo podría haber acabado de empezar. Que lo que entendemos como pasado no es más que una foto de un universo que si tiene un pasado, que nos hace creer que hubo un ayer pero que no es más que eso, algo que “nos hace creer”, que es su única función.

Llenó tres hojas más y cerró el cuaderno. No tenía claro que hacer, pero actuó de la manera que tal vez cualquier persona que no quiera volverse loco actuaría, iba a esperar hasta mañana para pedirel a sus padres ir al psicólogo. Y iba a esperar hasta mañana solo y exclusivamente porque cuando se tirara en la cama, se relajara y pensara en todo, tendría las cosas mucho más claras.

Y así iba a ser.

Sol cenó, tomó el postre y sin hacer nada más, subió a su habitación ,apagó la luz, se puso el pijama y se acostó en su cama. Sabia que no iba a dormir mucho, así que tenía que acostarse temprano para, al otro día, explicarles a sus padres su voluntad de ir al psicólogo, o al psiquiatra, no lo tenía claro.

XV

La Claridad

Por lo que Sol, casi intencionalmente, terminó en ese estado suyo medio dormido, medio despierto. Ahí donde podría pensar de una manera clara y ordenada.

Se concentró lo más que pudo, quiso estar muy atenta para que ningún detalle que proviniera de su cabeza se le escape, Sol no quería creer que el destino existiera, quería pensar que su universo era tal cual como sería sencillo pensar. Primero recordó ese garabato que encontró hace unas semanas y del cual se había derivado una idea curiosa, pero no más que eso, una idea. Sol en el fondo entendía que era perfectamente posible que ella se haya olvidado de ese garabato, que su yo de 5 años se hubiera despistado al poner en ese cajón poco usado el cuaderno que su madre le había comprado, el garabato, aunque le hubiera hecho pensar que sería posible que el universo sea una creación, algo falso, funciono solo como un mero entretenimiento, ella sabia que lo más probable era que el universo sea como siempre se ha pensado, sabia que no estaba haciendo otra cosa que dejar pasar el tiempo con teorías locas que podían entretenerla. Pero el recuerdo de esa tarde, esa voz que provenía de su perro, que hasta le parecía similar, no era “perfectamente posible”, lo contrario, era lo más imperfecto, lo imposible, que ahora a Sol le parecía no sólo posible, si no un hecho, ella había escuchado hablar a su perro y es más, ella sabia que su perro hablaba, pero se lo había olvidado, al menos esa era la respuesta rápida, ella simplemente se había olvidado cómo funcionaba el mundo, había sido presa de la memoria. Sol cayo dormida con un alivio, un alivio que duraría tanto como ella quisiera creer esa mentira, esa que decía que se había olvidado cómo funcionaba el mundo, tal vez nunca supo cómo lo hacía.

Como pocas veces le ha pasado, Sol soñó, y soñó de la manera más profunda que había hecho en toda su vida.

De repente Sol se vio a ella misma, otra vez, desde la altura, se vio agarrando el papel ,ese papel que decía lo que ella sabia que decía, pero esta vez, en ves de despertarse de manera súbita cuando todo era negro, cuando solo se encontraba ella y su conciencia en un espacio negro y vacío, de repente todo se intercambio, de repente el negro paso a ser un tenue gris, casi blanco, de repente ella no se sentía sola, se sentía acompañada, de repente en vez de sentirse joven y audaz, se sintió vieja y, digamos, deficiente. Una sensación que era tan profunda como cualquier otra, Sol casi que sentía que se había despertado, pero de repente, se despertó de verdad, salió de esa falsa invención, salió de esa falsa realidad, se levantó y sabia que estaba despierta, pero no se sentía ella, su sensación de presencia se había quedado, de alguna forma, con ese fondo casi blanco, su sueño le había robado su esencia. Ese sueño era para ella, tal vez por conveniencia, más real que lo que estaba viviendo, tal vez porque en ese sueño sus problemas con la verosimilitud de su realidad no existían, se sentía en una extraña calma, no tenía problemas más de los que podía recordar de su vida antes de caer dormida. Y Sol pensó que tal vez podría volver, volver a estar en paz, sentía que si no lo hacía estaba apunto de volverse loca, tocó su bolsillo y ahí estaba, era un mensaje, estaba segura, no sabia porque, pero tenía la certeza de que debía hacer caso, debía no despertarse. Cerró los ojos, y durante un segundo no lo creyó, pero se había dormido, o tal vez, después de mucho tiempo, había despertado de verdad.

XVI

La Finitud

Tan pronto como Sol cerró los ojos María los abrió, si, María, María Sol Fernández. Una tarde en un pequeño barrio, de una no tan pequeña ciudad. María se encontraba en el hospital, como es recurrente con la gente de su edad, y de manera sorpresiva se había despertado, llevaba 3 meses dormida, en un coma inducido, pero esa tarde querían que despertase para ver como estaba, querían ver si aún tenía fuerzas, o tal vez siquiera ganas, de abrir los ojos y vivir un poco más.

Sol ya no existía, solo quedaban rezagos de lo que Sol creía que había vivido, ahora solo quedaba María como cofre, como resguardo de todo lo que Sol y su incompleto mundo eran, o más bien, habían sido.

María abrió los ojos, tenía la mirada entumecida, la cubrían lagañas y la sensación de luz que parecía casi no recordar, al igual que sus oídos, que pasaron a captar lo que la rodeaba. Vio un techo blanco mármol, escuchó un murmullo con poca intención de molestar que venía de lejos, pero de repente, y recordando cómo se sentía recibir un mensaje que tenía como destinataria a ella misma, escuchó su nombre, antecedido por un fraternal “tía”. Esa voz, si algo quedaba de Sol en la memoria de María, esa voz era una parte, esa voz era la voz del perro de Sol, estaba segura, no sabia ni porque recordaba esa voz pero sabia que era la del perro de Sol, siquiera entendía quien era Sol, pero sabia que esa voz era para ella la de alguien cercano, la de alguien importante.

Con mucho esfuerzo giró la cabeza, su cuello no se movía hace tiempo, y hasta antes de intentar moverlo no se había dado cuenta, entonces, con alguna dificultad, giró su mirada y vio a un chico, un adulto, ni muy joven, ni muy viejo, que la miraba desconsolado, con lágrimas en los ojos. Del otro lado de la habitación, creían sentir sus oídos, escucho una voz seria, de hombre, que le dedica al chico algo, María no sabia que, era como una incapacidad, sus oídos se habían centrado en un agudo tono, el murmulleo desapareció, su mirada se nublo, supo que de repente la mirada de ese chico empeoro, parecía que estaba viendo algo que no podría olvidar, algo que no quería siquiera tener que recordar, porque si él pudiera, creía María, eso que estaba viendo no existiría, estaba viendo una de esas cosa que nos hacen dar cuenta que la vida no es como quisiéramos que fuera. Quiso mirar de nuevo para arriba pero no pudo, simplemente ese esfuerzo que había hecho para dar cuenta de quien la estaba mirando fue suficiente, sus párpados, sin preguntárselo a ella, se cerraron, seguía despierta, pero estaba apunto de caer dormida.

Más de lo que María sintió, yo no lo sé, lo único que sé es que ese chico salió desconsolado de la habitación y abrazó a una mujer vieja que miraba por la ventana, hay cosa que no se expresan con palabras, y la mirada que ese chico tenía era una de esas, la mirada que queda cuando somos conscientes de dos terribles cosas, primero que la finitud de la vida es tan real como siempre pensamos que era, y segundo ,pero todavía peor, que esta había acechado a una de nuestras más queridas personas.

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